Sobre un cristal de melancolía
existe el placer y la tristeza:
una viaja a través del humo
otra navega en mares violentos.
Existe por allí el canto que produce
las estrellas, se escuchan por lo alto
del firmamento y desgarra el cielo,
hace a las sirenas volar, volar, volar.
Allí caerá azotando la tierra
mis alas incendiadas de traición,
y lo que primeramente era verano
dejará de existir para convertir
en otoño mis caricias.
Caminaré siguiendo el eco de la aurora
y contemplare el primer beso del sol,
conociendo en su piel el placer
que guarda en sus tinieblas, el humo
tendrá su delicado y lujurioso cuerpo
envuelto en una seda de martirio y sufrimiento.