Hay días así: el mundo parece una casa ajena por dónde uno avanza con cuidado, temiendo mover algo invisible que termine por romperse.
Pero entonces, sin aviso, encuentras un gesto mínimo - una risa que no era para nosotros, o reparas en un perro que mira como si entendiera todo, o tal vez notas al viento acomodando las hojas - y sentimos cómo volvemos a nuestro lugar.
Y así vamos comprendiendo, aunque no del todo, pero lo suficiente, que vivir es esto: permanecer, aunque no sepamos bien en qué, aún conscientes, de que el suelo tal vez está cambiando de forma bajo nuestros pasos.
Así que seguimos, sin respuestas definitivas, pero con esa certeza leve que se instala como un refugio: no estamos perdidos, solo vamos por el camino.
---------------
Rafael Blanco López
Derechos reservados