Bucle
Vivo en la montaña.
Abajo, el pueblo
que parece arriba.
Día y noche
aparece una pantalla
con forma de ojo.
No mira.
No pestaña.
Repite y repite.
Para verla
tengo que subir más,
más alto,
ir a un lugar escondido.
Arriesgado.
Y ahí
llega la imagen.
Todo el tiempo.
Siempre la misma:
cuando éramos felices.
Pero no somos nosotros.
Otros cuerpos,
otras voces
haciendo lo mismo.
Como si la escena siguiera
sin nosotros.
Y yo,
en soledad,
desde arriba,
mirando
a otros
ser felices.
Sergio Alejandro Cortéz,
Córdoba,
Argentina.