Me despierto con viejos recuerdos en la mente,
como quien guarda una vieja moneda,
que no vale para comprar nada hoy,
pero me pesa en el bolsillo.
No es rabia, ni siquiera tristeza,
es esa forma rara de querer olvidar algo que ya no cabe en la vida,
pero tampoco sale del todo.
Estoy bien, casi bien,
con días que amanecen livianos
y tardes que huelen a recuerdo.
Supongo que sanar
es aprender a vivir
con la cicatriz abierta
sin que sangre en cada nostalgia que invade la mente.
Hoy guardé la moneda en otro bolsillo.
Mañana veré si la sigo llevando.