Hay palabras que nunca decimos,
se adhieren a nuestras pieles.
Hay silencios que gritan ternura,
la calidez de un abrazo
que envuelve el alma,
los latidos que se cruzan como ríos
en la noche profunda,
navegando en un mar de emociones
que nos arrastra,
dejando huellas invisibles
en la arena de nuestros corazones.
Basta encerrar el amor en un verso,
un delicado pliegue de sueños,
donde el papel se vuelve testigo
de promesas escritas en las estrellas.
Saber, con cada latido,
que todo será eterno,
que nuestras almas se entrelazan
en un ciclo sin fin
y que las palabras no dichas,
esos silencios y caricias imaginables
forjan el lazo indestructible,
eterno.
SienaR ©