Antonio Portillo

Esperanza

Esperanza
No es la luz.
Pero la recuerda.
Late despacio
en lo hondo,
donde el cansancio
no ha podido borrar del todo
la vida.
No consuela.
No miente.
Se queda.
Como una brasa
que no alumbra el camino
pero evita la noche completa.
No cierra la herida.
La cruza.
La vuelve paso
sin pedirte fuerza,
solo presencia.
Y en ese seguir
—sobrio, casi invisible—
algo se inclina a tu favor.
No el mundo.
No el destino.
Tú.
No es promesa.
No es victoria.
Es un sí pequeño
que no sabe rendirse,
una claridad mínima
que, sin hacer ruido,
te sostiene.
Y basta.
Porque a veces
no hace falta la luz entera
para no perderse,
solo un resto vivo
que diga,
todavía,
aquí.

 

Antonio Portillo Spinola