Amiga quédate despierta conmigo,
sigue ajustando cuentas con el tiempo,
sumando silencios, restando presencias,
hasta hacer crecer un muro,
y que mis palabras puedan dormirse al fin,
debajo de la hiedra.
Si estás del otro lado, no aparezcas.
Llevamos años encima de este barro de realidad maltrecha:
sembrando esperanza sobre potreros grises
donde no flotan sino caballos muertos,
y serpientes metálicas naciendo entre la maleza.
Sigue creyendo que nadie te piensa.
Que cualquier sitio merece tus pies de bronce,
y que no tengo para ti collares tejidos con pequeñas estrellas.
Olvida que con flores en la mano vi pasar mi vida,
tomando racimos de un invernadero intranquilo
que se moría de pena.
Si por casualidad alguna vez te llamo,
no vengas.
Mis palabras son un animal nostálgico,
que trae sobre su lomo una acostumbrada lluvia de fiebres
que no preguntan al mal camino a donde llega.
No cabe duda amiga,
que la jaula del tiempo
entristece a las aves pequeñas.
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