Hoy perdí un par de pensamientos
entre la niebla de la agonía del alma
que no me deja encontrarme
dentro de tanta mierda.
Luego tuve otro que me habló de ti.
Se acercó sigilosamente,
como queriendo engatusarme,
y me dejé llevar.
Ahora son casi las siete.
Ya es de noche, y el pensamiento y yo
andamos en un romance francés
que no nos deja regresar a casa
sin antes recordarte una vez más.
Y no me quejo,
porque entre la agonía de extrañarte
y la necesidad de sentirte,
prefiero perderme en mí
y solo pensarte.
Van doce días
y aún te extraño.
Tal vez pasen quinientos
y aún te pensaré.
Tan bonita, siempre.
Y la luz de tus ojos,
tan entorpecida
por el ruido de la infancia
que vuelve a molestar.