Hay mujeres
que florecen día a día.
Acarician su pelo
cuando acunan a la niña
que late dentro y van secando
la lágrima que lloraron en otoño.
Una mujer que todo lo ha guardado.
Que si examina sus manos,
sabe que allí se esconde
la memoria pendiente
de un beso que
no ha dado.
L.G.