Glorieta
Un día
paseábamos.
Flamencos.
Pavos reales.
Espejos torcidos
Las sendas, rojas.
Como si alguien
las hubiera diseñado antes.
Entre jaulas vacías
se abría el camino.
Sonaban pájaros.
No eran pájaros.
Cada quien
con su camino,
su gloria.
Fotografiamos lo ausente:
elefantes,
leones,
tigres.
Quedaban
como flotando
en los muros.
Después
la glorieta.
La más alta.
El barranco.
Nos alzamos.
O algo nos alzó.
El beso,
creo.
Arriba
no había jaulas.
Sólo aves.
Las de verdad.
Y esa palabra
que no se deja decir
sin caer:
amor.
Sergio Alejandro Cortéz
Villa Dolores, Córdoba, Argentina.