Contigo estoy condenado a ser feliz.
Fuiste Van Gogh, le diste color a lo gris.
Tú le diste vida a una noche estrellada,
como la Gioconda, sin decir nada.
Fuiste la metamorfosis de este narciso,
tu piel era el óleo y yo perdí el piso.
Entendí cómo Velázquez pintó el aire,
colores y luz bailaban cuando te miré.
Todo era suave, respiraba la armonía,
se sentía como Nápoles y su bahía.
Te miré con orgullo, como quien pinta
la Capilla Sixtina con visión distinta.
Eres arte, mujer, te quiero ver cada día,
que seas la persistencia de la memoria,
que aunque todo se derrita, tú bailes,
que en medio del silencio, tú me hables.