Ya nunca más volverás de ti
Y no hay destino
Entre largas posesiones que habitan silencios de colores
Ya mis manos se abandonan como ofrendas y símbolos
Para deshacer la herida esencial
Y verme en millones de formas
que solo se resguardan en el círculo final,
Todo va muy lento
Y en una corazonada habitamos los jardines,
La vida y la muerte de la flor,
Seducción de unos segundos,
Y en el fondo del espiral
los pigmentos cantan para siempre.
Nos doblegamos para escuchar al mar
Del árbol al giro eterno del caracol
Del muerto a la muerte
Del agua a la fuente
La llave maestra del universo seguirá su obra infinita
Atado a mi sueño espejo a la figura de un anhelo
A la orilla de tu fuego
Me vas a iluminar,
Y estas manos nunca lo alcanzan.
Nos encontramos,
Entre cada promesa
que se fusiona en la hoguera
Encandilando los deseos,
Rejurgitamos en el patrón más complejo,
Encaminados hacia la vida,
Entre altos y bajos
de una guía de silencios.