Carolina Ugas Pazos

Llamas que suben

Durante el incendio

las llamas subieron hasta perderse,

ascendieron y su calor

propagó agonía, temor y pasmo.

 

Sentí temor de perder la vida,

el negro hollín tapizó las paredes

como sudario colectivo

y costaba respirar el humo,

nos lloraban los ojos

y apenas podíamos correr

entre el agua que se derramó

y los vidrios rotos,

llorando sus lágrimas de cristalería.

 

 

Escuché cuando estallaron las ventanas

cuando sonaban como martillos 

golpeteando las paredes y los techos,

luego los bomberos explicaron

que el ruido era producido

por las mismas llamas 

al morder la carne

de la estructura vecina.

 

Los que nos pusimos a salvo

sólo pensábamos

en los ancianos impedidos

dormidos por efecto de

sus fármacos prescritos.

 

De nuevo los apagafuegos

nos calmaron y rompiendo

puertas y candados

pusieron a salvo

a la pareja de casi centenarios,

memoria ilustre del pasado

que se fue y no volverá.

 

OLLIN

07/04/2026