Encadenada y presa,
huyendo en un navío sarraceno,
las argollas no me tiran,
tengo alas en mis brazos
que no piden permiso.
Si te leo el alma
habrá grietas en los muros,
danzarán mis manos buscándote
con la duda que se cuela,
sin empujones,
entre el litoral de tus ojos
y la libertad que soñamos.