Hasta ti, quiero llegar,
Padre mío, tan querido,
hasta ti, querido amigo,
y encontrar mi libertad;
sé muy bien que me darás
cuando menos el suspiro,
que me muestre ese camino
que mi vida salvará:
junto a ti, encuentro el amor
llega al fin mi padecer
y comienza mi alegría;
estás en mi corazón
como la brisa en mi piel,
como el aliento de vida...