Tan lejano al yo es el dolor ajeno
veneno que disocia al corazón del cerebro
prostituyendo el alma a la conveniencia del momento
por limosnas digitales marinadas en desprecio.
Mascotas de la prisa constante que nos pasea del cuello
tirando ese hueso del dinero cada vez mas lejos
por el lloramos al pobre pero nos rehusamos a verlo
y protestamos el abuso pero sin oponerlo
argumentando que eso le toca al vecino, al familiar
o a algún otro que tenga tiempo.
Tan lejano al yo es el dolor ajeno
veneno que disocia al corazón del cerebro.