Jamás fui yo. Muy dentro, en lo profundo,
un ímpetu de todo me empujaba,
mas no encontraba el borde de este mundo.
Había tantas lágrimas guardadas,
atrás del cuerpo, mudas, retenidas,
en las cuencas del alma acumuladas.
La lluvia con su ritmo descendía,
hallando una salida necesaria,
una salida que no fuera mía.
Por un momento breve la odiaba,
no por sentir el agua en mis espaldas,
sino por ver que nada me borraba.
Al ver que el cielo su dolor soltaba,
Sentí en mi alma un hondo sufrimiento,
mientras en mí, la pena se quedaba.
Jesús Armando Contreras.