Leyendo antiguas cartas del pasado
escritas por las manos de una dama;
mi verso, su tristeza la derrama
con notas de un suspiro apasionado.
Quedando en su lectura ensimismado
contemplo como cambia el panorama;
volviéndose ceniza aquella flama
que fuera de ilusión un haz dorado.
Ahora, solitario en mi aposento,
dibujo con mis letras su figura,
y vuelve a mi memoria aquel momento
que llena de pasión, y de ternura;
lograra penetrar mi sentimiento
haciendo de sus besos mi locura.
Autor: Aníbal Rodríguez.