Todos llevamos alguna luz en el alma,
pero no siempre se deja ver.
A veces titila, casi en secreto,
como si dudara de su propia existencia.
Otras arde en silencio,
sin necesidad de imponerse,
sin pedir mirada.
No estoy aquí para encender fuegos ajenos,
ni para sostener lo que no me pertenece.
Solo para reconocer la luz cuando aparece,
incluso cuando se esconde.
Hay presencias que abrigan sin ruido,
y ausencias que enseñan a mirar distinto.
Y en ese equilibrio incierto,
aprendo también a no perder la mía.