No hay luz que baje de un cielo vacío,
ni un alma que sople sobre el barro;
somos la suma del hierro y el frío,
el roce del buey contra el carro.
El sabio y el necio son la misma masa,
átomos presos de un mismo destino,
mientras el perro en silencio nos pasa
marcando a dentelladas el camino.
No busques verdades en lo que no toca,
ni guías con halos de falso brillo;
la única patria es el pan en la boca
y el peso del miedo en el bolsillo.
El rebaño camina, la tierra se agota,
no hay más justicia que el golpe y la inercia;
la historia es el rastro de una bota
y el hambre, la única ley que comercia.