Y abro la ventana,
de esta tarde nueva que está de fiesta,
donde su dimensión me sugiere lo que viene y lo que pasa...
¡Ay, qué tarde clara!
a la que contemplo y se me limpia el alma,
y no hay otra cosa, que la poesía alojando mi presencia...
Sus colores de alegría,
son unos prodigios de exacta arquitectura,
y provenientes de Dios sus caricias, que están llenas de vida...
Es un paisaje que tiene alma,
tan lleno de suavidad y tan lleno de calma,
que el arte me vierte toda su fantasía entusiasmando a la mirada...