Puente
El metal no gruñó —
cedió como un párpado al fuego
hubo un crujido
¿era el puente o era el juicio?
el río no dijo nada.
Ni el humo
El reloj se detuvo,
por cortesía
un soldado pensó en una voz
que ya no recuerda.
Otro nombró a su madre,
sin sonido.
El último vio
una hebra de luz,
como si el acero
pudiera dudar.
La explosión fue tardía,
no por tiempo,
sino por sentido.
Y entonces
no hubo después,
solo
lo siguiente.
Interior
las paredes respiran.
No aire,
sino algo anterior.
Un reloj sin manecillas murmura
los nombres de los que callan.
el blindaje no protege:
recoge,
retiene,
devuelve
en voz ajena
uno ríe sin dientes.
Otro limpia una bala
que ya disparada.
El más joven sueña con una carretera
que no llega,
y nunca deja de doblar.
la radio escupe
una melodía
que nadie recuerda haber oído,
pero todos saben cuándo termina.
Y cada noche
el tanque se llena de agua,
lenta,
invisible,
como una pregunta sin forma.
No hay órdenes.
Solo el peso
de lo no dicho
Silencio
Alguien apagó el motor
pero el tanque sigue sonando.
No se mueve,
pero se desplaza
por dentro de algo más grande.
Una luciérnaga muerta
parpadea en la escotilla.
Nadie ha hablado en años,
aunque siguen llegando frases
como insectos
que no saben
que la lámpara está vacía
fuera — ¿hay un fuera? —
las hojas se inclinan.
Tal vez por respeto.
Tal vez por costumbre.
Una sombra cruza.
No se detiene.
Y en el centro del casco,
alguien,
muy quieto,
mastica una palabra
que no sabe pronunciar.
L.T.