Persiguiendo la nada,
en pos de un altar sin Dios;
recorro un camino desierto,
niebla, cenizas sin color.
Peregrino sin senda ni destino,
de las sombras prisionero,
de la desesperanza y el dolor,
alma en pena vagabunda.
Que aguarda sin esperanza
una meta, un destino,
un último hito en el camino
que ponga fin al dolor.
Nada hay que me retenga,
nada que importe ya;
te perdí para siempre,
quiero volverte a encontrar.
Al otro lado del río,
donde Leteo es la norma,
donde me esperas por siempre,
allí, donde se acaba el dolor.