Hay días en los que no apareces y todo sigue, las cosas pasan, el tiempo avanza, y debería bastar con eso, debería sentirse suficiente, pero no, no termina de estar bien, hay algo que se queda flojo, algo mínimo, como si todo estuviera apenas mal puesto y no alcanzara a acomodarse del todo, y paso el día así, sin decir nada, haciendo lo que toca, moviéndome como siempre, como si no pasara nada, pero con esa sensación pegada, constante, que no se va, una incomodidad que no crece pero tampoco desaparece, hasta que vuelves, sin aviso, sin razón, sin entrada clara, simplemente estás, y entonces todo se acomoda sin que tenga que pasar nada visible, sin que algo cambie deforma evidente, solo se ajusta, como si algo dejara de estar mal de golpe, y eso es lo que me jode, porque no debería ser así, no debería depender de eso, no debería sentirse tan correcto, aunque ni siquiera es correcto, es más bien que deja de doler algo que ya estaba doliendo desde antes sin que yo lo notara, y he tratado de no pensarte, de verdad, de hacer como que no pasa, de llenar el tiempo con cualquier cosa, pero siempre hay un punto en el que te metes, sin pedir permiso, sin avisar, y ya no hay forma de sacarte, no porque no quiera, sino porque no sé cómo, y eso cansa, cansa más de lo que debería, porque no es amor como lo dicen, no es bonito, no es algo que se diga fácil ni que se entienda bien, es otra cosa, algo que se queda, que no se mueve, que no se acaba, y lo peor es esto, que me cuesta admitirlo incluso así, pero no quiero que te vayas, no porque te entienda ni porque confíe en esto, sino porque cuando no estás, aunque todo siga, aunque nada se rompa del todo, ya no alcanza.