Los ojos de mi hombre
llevan luz de primavera.
Celestes como el cielo claro,
con la bondad que refleja
la honestidad de su corazón.
Yo lo miro y pienso: es un ángel terrenal,
rescatándome de las garras del abismo
al que un día entré sin rumbo.
Y así, intervino Dios,
en un domingo de Pascuas,
un 21 de abril apareció…
y yo, buscando algo que ya ni buscaba,
Como necesitando convencerme aún
de que otra vez me enfrentaba
a otro momento vacío sin sentido.
Entonces lo ví entrando con la seguridad,
no de la experiencia, Si no de algo más
intangible, etéreo, indescifrable…
No sé si fue la contra luz
O si él venía rodeado de un aura
luminosa y resplandeciente
que me animó a sonreír y abrirle mis brazos
para abrazar algo que estaba
más allá de la templanza de su rostro.
Hablaba con la solemnidad
que solo tienen los seres especiales.
Su tono de voz grave, apacible.
Yo no sé si me di cuenta pero…
Dios me enviaba a uno de sus ángeles.,
sus ojos de octubre denotaban la tristeza
Un soldado caído. Un ángel terrenal, herido.
¡Qué sacrilegio! ¿Cómo pudieron?
Y Yo no lo sabía… cómo podría saberlo?
El velo de la desilusión
no me dejaba apreciar el tesoro
que estaban poniendo frente a mí.
El ángel de pronto se acercó.
Cada vez más, pero de a poco,
como temiendo que yo me asustara
cuando era él quien lo estaba.
Un día me mostró su vulnerabilidad,
Y entonces sucedió que
tomé su alma y miré sus cicatrices,
profundas, dolorosas, aún frescas.
Pensé en huir temiendo que su dolor
me arrastrara con mis propios demonios.
Pero aún temerosa, besé sus heridas .
Dios me lo confió a mí.
Por alguna razón estoy recibiendo
un milagro en mi vida.
Desde ese momento aunque llueva,
aunque el invierno sea crudo,
aunque el sol queme en enero,
solo miro sus ojos y sé que es primavera…
Eternos los tibios días de octubre
como una plácida caricia envolvente
Él cubre con su luz la oscuridad,
disipa mis tinieblas y une mis pedazos rotos
cada vez que me rompo una, otra y otra vez…
Dios me enseñó que las bendiciones llegan…
No importa cuando… llegan.
La vida nunca deja de doler para algunos,
pero él me sostiene con su fuerza interior
Yo sigo cometiendo mis pecados humanos…
Yo tan mundana y Él tan perfecto.
Su vida transformó la mía.
Y otra vez lo miro ¿de verdad lo merezco?
Y debe ser que sí…porque aún sigue a mi lado.
Pudo haber volado más alto y se quedó conmigo…
para acariciarme el alma con su ternura
para enseñarme que el amor verdadero sana
que no golpea, no daña, no invalida, no mata…
mi Ángel tiene las manos suaves,
su rostro refleja la bondad infinita…
sus palabras nunca hieren…
Te pido Dios que Los ojos de mi hombre,
me acompañen por el resto de mis días…