Amaos los unos a los otros en la sombra
mientras una nave surca hacia la luna;
el mundo, de piedra, ya no se asombra
de ver arder la guerra, una tras una.
Los gobiernos despojan a su pueblo
con una impunidad que es su trofeo;
asaltan aldeas mientras yo tiemblo
al ver cómo arrojan sal sobre el deseo.
El pueblo aplaude con migajas y circo,
el mendrugo le sabe a banquete real;
se entrega al engaño, se cree en el juego,
marchando devoto hacia su funeral.
Mientras camina por el borde del averno,
ignora el humo de la carne quemada.
Dejad que sigan danzando en el infierno...
soñando que el fuego no les quita nada.