Reptante, el reptil amenaza
con eliminar la historia,
mientras la memoria se difumina
en una estafa de moneda virtual,
con distopía de control total.
La conciencia es caduca
cuando se vende al mejor postor,
producto recio del mercado.
Desafiante, al que agoniza
se acerca reptando el reptil
con su piel áspera y su lengua
venenosa. Mientras, piadosa,
la gente le teme.
A horas de eclosionar, minutos
de resetear, instantes de pulsar
con afiladas garras... El interruptor.
Queriendo coronar la historia final,
apuntando misiles hacia la paz
y contando decesos como billetes.
Por tanto, el pueblo orgulloso resiste...
Asoma con sus dogmas el reptil
por los medios de comunicación,
los símbolos, el relato y el \"arte\".
Lavando y enjuagando cerebros,
con sus ojos de frialdad y sangre
de hielo; su objetivo es visión
de absoluta destrucción.
Mientras el pueblo desafiante embiste.
Hernán J. Moreyra