Aunque les abra la puerta
a golondrinas y primaveras,
siempre verán
un oscuro invierno.
Que no necesita
vuelos suicidas.
Quizás demasiados días
sin poder echarle hueso
a una sopa de letras.
O por quedarse en mi cabeza,
confesiones de gargantas
que hablan sin memoria.
De estar entre hogares
que acogen el odio
de lo desconocido,
desterrando lo humano,
quedando el instinto
de un animal domesticado.
O tal vez
sea por esas puñaladas
que llevamos todos en la espalda.
Y por si no fuera suficiente,
está el romance que se traen
la envidia y el fracaso,
destruyendo todo aquello
que no es de su agrado.
Y así paso la vida,
guardando lo que miro,
escribiendo lo que veo.
Sergio F.G. · © 2026