Cautiva permanece la memoria,
evocando la calidez de una mirada,
la sutileza de una sonrisa,
la fragancia de épocas remotas
que absorbieron con su esencia a la nostalgia.
La brisa esperanzadora de su alma
pernocto las penas de la desilusión,
otorgando un anhelo al sentimiento,
que agonizó en felonías lejanas.
Cánticos celestiales brotaron de una belleza
inmortalizada en gloriosos crepúsculos,
ahora, simplemente se han convertido en el suplicio eterno
de un espectro vagabundo.
La condena a la eterna memoria de su ser,
lo ahoga en el abismo del tormento,
y profunda es la tumba en la que reposaran
las mortajas de su amor.
En su trágica locura escrudiñó ilusiones
que le permitieran olvidar cada desprecio padecido,
pero al no encontrar ninguna
atormentada permanece su alma,
¡Cuántas remembranzas reposan en el tiempo!
¡Cuántos crepúsculos testigos fueron de su lamento!
Y aun así, persiste su espíritu
atestado con la esperanza de su retorno.
EDGAR TORRES
1980 - ….