Te escondes en tinieblas blanquecinas,
sin dejar huella,
apenas el peso leve de tus pies.
¿O será que habitas allí,
donde el tiempo se anuda en las cortezas?
Sigo contando: 8, 9…
Casi salgo.
Mis ojos entrecerrados
se abren lo justo para encontrarte:
sentado en el sillón de mimbre,
con tu agua con harina.
Ready or not, salí.
Al cruzar el umbral,
la tierra bajo mis pasos aún cruje;
la lluvia no llega.
El paisaje se rompe ante mis ojos
y ya no sé dónde te ocultas.
Te busco donde sé que ya no habitas.
Te buscaré esta noche en el sueño,
donde pueda palparte:
sigiloso, entre la luz y la ceniza.