Ricardo Nanjari

El arquero griego

Dejaron de ser puntos en el cielo

cuando en mi infancia

pude reconocer a las Tres Marías.

 

Cada noche desde un cerro porteño

se asomaba un niño a mirarlas,

Mintaka, Alnilam y Alnitak.

 

Nombres extraños como los de mis tíos

Rúrico, Ruperto y Rubilia,

lejanos parientes que giraban en otras órbitas.

 

Este niño no podía creer

que las estrellas también lejanas

fueran más grandes que el Sol.

 

Después pude ver más allá aún

y descubrí los hombros, un arco,

piernas y la espada de un guerrero.

 

Desde entonces, cada noche de verano

me saluda el arquero y me señala

un rumbo cierto para continuar.