José Antonio Artés

LA MIRADA

Las yemas de mis dedos
se acercaban a mi boca cerrada,
no para hacer nada,
solo para advertir
que llegaba un pensamiento.

Mi cuerpo descansaba en el sillón,
acomodado como cada día,
mientras mi mente, distraída,
se sostenía únicamente
en la mirada.

Todo estaba igual.
Los muebles, la luz,
el silencio tranquilo de la casa.
Nada parecía distinto.
Y, sin embargo,
algo había cambiado.

La materia parecía la misma,
pero la sensación
se movía por dentro,
como una respiración lenta
que modifica la existencia
sin tocarla.

Miraba la tarde
como si la viera por primera vez,
sin estridencias,
sin certezas,
solo con esa calma extraña
que a veces llega
cuando el tiempo
se detiene un instante.

Entonces comprendí
que no había cambiado la realidad,
sino que yo me alejaba de ella,

sin ser consciente.

 

José Antonio Artés