No hace falta permiso para ser feliz,
ni pedir disculpas por haber sanado.
No le debes nada a la sombra de ayer,
ni a ese viejo invierno que ya se ha marchado.
Hay una victoria en volver a empezar,
en abrir las manos y soltar el lastre,
en mirar al cielo sin miedo a caer
y armar un camino tras el desastre.
Es hoy el momento de ser primavera,
de estrenar los ojos, de andar sin premura,
porque después de tanta noche cerrada,
te toca el abrazo de la luz más pura.
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