José Luis Barrientos León

Dario. Arquitecto de Humo

 

Su mano es un gajo de luz sobre la alfombra,

un despliegue de nervios y de impulsos.

Muerde la palabra, la desuella,

la lanza al aire como un dado de cristal.

 

El niño no juega,

el niño funda.

Establece su reino en el ángulo del frío,

donde el sofá es un lomo de ballena

y el pasillo, una arteria

que conduce al centro de un sol inventado.

 

¡Oh, la arquitectura de su delirio!

Dice \"estrella\" y el techo se fractura,

dice \"vuelo\" y la gravedad claudica.

 

Capas de tela roja sobre los hombros,

máscaras que ocultan la geometría del miedo,

mientras la casa, esa caja de sombra,

se llena de un ruido de astros en colisión.

 

Es un superhéroe de migas y de asombros.

Un pequeño dios con las manos sucias

que repite nombres,

que repite mundos,

que repite el rito de la existencia

para no caer en el vacío de lo mudo.

 

Su sonrisa es un músculo que vence a la rutina,

un tajo de alegría en la pared blanca,

una aventura de litio y de palabras

que nos salva,

que nos quema,

que nos dicta la ley de lo imposible.