El mundo arde en un pulso desmedido,
y el cielo tose un gris interminable;
en el mar repite, hondo y abatido,
como canto grave, oscuro e implacable.
Los bosques son ceniza que respira,
fantasmas verdes buscan su regreso;
el hielo antiguo en llanto se retira
como un reloj que olvida ya su peso.
El hombre firma pactos con la prisa,
consume el aire, vende la mañana;
se mira en el progreso y no revisa
la grieta que en la tierra se desgrana.
Mas queda aún, si escucha la razón,
salvar la vida en breve redención.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026