Ya nunca más volveré a buscarte,
las sombras han enredado mis pasos,
dueles, sí,
pero es diferente esta soledad
que danza en mi pecho,
más ligera, más sabia.
Si se puede vencer a la indiferencia,
he aprendido a amarte
como al sol que se oculta tras las nubes,
pero que aún calienta los días fríos.
El orgullo a veces mata el amor,
como un veneno que nos consume,
un fuego que, aunque tibio, duele,
pero he aprendido
a entrenar el corazón para el dolor.
Saber amar, también es amarnos,
dejar fluir las lágrimas,
no en vano han sido laberintos y puertas,
en el viaje hacia el amor verdadero,
que surge de lo sencillo,
de lo que se siente sin miedo.
Se ha perdido
un amor que sabe dejar huellas
y también desprenderse,
seguir caminando aunque duela,
un amor que se lleva en la memoria,
como una estrella
que brilla en la oscura noche
mientras me despido
de lo que ya nunca será.
SienaR ©