Olga Kawecka

Un dios

 

Tras las antiguas ciudades, solo queda
Arena inmortal. ¿Dónde estás,
Uruk? ¿Y tú, gran Babilonia de miedo?
¿O tú, Hattusa de esplendor fugaz?

 

No queda nada más que signos y destellos.
No queda nada de sencillez ni vanidad.
Los nombres de emperadores y plebeyos
Se esfumaron en la oscuridad.

 

El polvo del pasado cubre el planeta;
La vida sigue su trayectoria veloz;
Pero el hombre, vulnerable e inquieto,
Aún se cree un verdadero dios.