Tras las antiguas ciudades, solo queda
Arena inmortal. ¿Dónde estás,
Uruk? ¿Y tú, gran Babilonia de miedo?
¿O tú, Hattusa de esplendor fugaz?
No queda nada más que signos y destellos.
No queda nada de sencillez ni vanidad.
Los nombres de emperadores y plebeyos
Se esfumaron en la oscuridad.
El polvo del pasado cubre el planeta;
La vida sigue su trayectoria veloz;
Pero el hombre, vulnerable e inquieto,
Aún se cree un verdadero dios.