El último sobre
Prosa poética
(Fragmento de la carta)
“Amor mío: escribo esta carta con la letra que tiembla como las hojas del otoño que ya no verás caer. Han pasado treinta inviernos desde que tu barco se tragó el horizonte. Yo contaba los días al principio; después, los años se hicieron niebla. Hoy el médico me ha dado el último plazo: unas horas, tal vez un suspiro más. No tengo miedo. Lo que duele no es morir, es imaginar que llegarás cuando yo ya sea solo el polvo que el viento borra de la repisa. He guardado tu pañuelo bajo la almohada todas estas noches. Ahora lo beso por última vez. No llores por mí, vida mía. Solo recuerda que te esperé sin odio, sin reproche, con la ternura de quien supo que el amor no entiende de distancias, sino de eternidades. Te dejo este sobre abierto sobre la mesa. Cuando llegues, lee primero el cielo.”
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Soneto
(Endecasílabos, rima consonante ABBA ABBA CDC DCD)
La pluma tiembla, el tiempo se ha cumplido,
treinta años de esperarte en esta orilla.
El mar nos fue una pérfida ventana,
y el sol que al fin me falta, te ha querido.
Escribo mientras todo se ha escondido,
la voz, la luz, la carne casi hermana.
No pudo el mundo dividir mañana
lo que en un beso un día fue latido.
No tardes más, que ya no habrá quien lea
estas palabras rotas de pañuelo,
ni el último rincón de la marea.
Llegarás cuando el sauce esté en el suelo,
cuando tu nombre en polvo se desea.
Perdóname: te amé con todo el vuelo.
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Décimas
(Octosílabos, rima consonante ABBAACCDDC)
Te escribo desde el final,
amor que nunca volvió.
El mar tu ausencia sembró
y el viento fue mi caudal.
Cada noche era un puñal,
cada alba un nuevo esperar.
Hoy la muerte va a llegar
y hallará mi mano fría,
pero mi alma todavía
sabe tu nombre nombrar.
No te culpo, vida mía,
el destino fue traidor.
Guardé tu olor en la flor
de una carta que quería.
Llegarás al otro día,
tarde ya para el abrazo,
pero no para el regazo
de este papel que te llora.
Llórame solo una hora
y luego sigue tu paso.
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Romance
(Octosílabos, rima asonante en los versos pares)
Navegante de mi ausencia,
vuelve ya, que el tiempo es poco.
Tengo la tinta cansada
y el corazón casi roto.
Esa noche en el muelle
te vi partir en el broto
del alba, sin un pañuelo,
con un adiós que fue sordo.
Treinta inviernos en la cama
han mordido mi costado.
El médico dice “nada”,
pero yo sé que te he amado.
He escrito tu nombre en todas
las muescas de este recodo,
en la sal de las mareas,
en la llaga del olvido.
Cuando leas esta carta,
yo ya seré solo polvo.
No me busques en la tierra:
búscame en el beso tuyo.
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Alejandrinos
(Versos de catorce sílabas, rima consonante)
La pluma es ya más lenta que el último latido,
y el cuarto se hace inmenso sin ti, mar adentro.
He doblado mi vida como un mapa perdido,
treinta años de ventana mirando tu recuerdo.
La muerte no es más triste que haberte imaginado
llegando con la lluvia después de tanto invierno.
Te dejo en esta hoja mi cuerpo deshojado,
la sed de tantas noches, el filo del infierno.
Cuando el sobre se abra sobre tu mano ajena,
verás que no hay reproches, solo esta miel tardía:
el amor verdadero no entiende de cadena,
ni el mar que te llevó, ni el tiempo que corría.
Y si lloras, no llores por lo que se termina,
llora porque en la espera fui toda tu alegría.
Autor: Augusto Cuerva Candela
País: España, Madrid
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