Cuán sabio el corazón del firmamento
donde adquiere su bien el pensamiento.
Habita allí el fulgor de tu beldad,
allí tu luz rebosa entendimiento
y diluyes, amor, mi soledad.
Mueves el aire entre vocablos tantos,
consuelos en sublime cantidad,
que hay un templo de voces para el hombre
y un hito en las esferas de los cantos.
No existe beso con mayor renombre
que aquel que obsequia tu sabiduría
ni un poder que más ruinas desescombre.
Hacen coro los vientos de alegría
honrando, amor, tu dulce hegemonía.