Del árbol caen las hojas,
las flores, también sus frutos.
Y rapada ya su fronda,
va quedando muy desnudo.
Sus ramas quedan expuestas
pernoctando a la deriva
soportando el sol que arrecia
y las duras noches frías.
Viene el viento y lo sacude
y le quiebra muchas ramas,
crece más la incertidumbre
pero el fuerte viento encara.
No lo tumban cataclismos
y a las crisis sobrevive
superando lo furtivo
sustentado en sus raíces.
Y de pronto la esperanza
cada parte regenera
y las hojas en las ramas
otra vez muestran su fuerza.
Luego el árbol ya vestido
se florece y da cosecha
y le exclaman: ¡sigues vivo,
con olor a primavera!
Y es que un árbol nunca muere
aunque sufra la penumbra
porque vive y reverdece
si tiene raíz profunda.