Bota esa cartera…
a estas alturas,
tu licencia en un bolsillo
y en el otro tu targeta,
esa una locura que no exaspera.
Tu y yo hace tiempo nos acostumbramos,
y eventualmente nos enamoramos
de esas diurnas cantaletas.
Tan íntimamente nuestras…
como un beso.
Como al final del dia
mi cabeza inevitablemente
aterriza en tu pecho.
Tu viendo tus novelas
mientras me rascas la espalda
o acaricias mi pelo,
me reclamas como tuyo cada noche,
y de ahi no me muevo.
A este ritmo vivimos…
Entre platos por fregar y ropa que lavar
caben mil “TE AMOS” como testigos
de nuestra vida de taxistas, chefs, maestros
compañeros de viaje, amantes y amigos.
Y en este baile seguiremos
hasta que la muerte nos alcance,
y una vez en el cielo,
escuchemos de nuevo
la clave.