Cuando la caída y la derrota
se vuelven oportunidad
y, tras la oscuridad,
se abre la luz.
Cuando entiendes que lo bueno
no cae del cielo
y que el equilibrio
hay que ganárselo.
Cuando comprendes que la vida también es un juego profundo
y que todo puede ser cuestionado.
Cuando descubres que lo aparente nunca agota lo real.
Cuando dejas de caminar distraído,
ajeno al latido de la vida,
y caminas por
el bosque de la vida
sin auriculares.
Entonces te quedas con lo esencial, porque lo demás ya te sobra
y no forma parte de tu equipaje.