NҽցαԵíѵҽ ตαղ 🍃
թօҽตα 30
թօҽตα 30
Me dejaste el pan amargo sobre la mesa puesta,
y un golpe de dados que no se lanza nunca,
mientras el alma suena a muerto
como un hueso que te nombra.
A veces el nombre de Dios
es un domingo de lluvia
que nos nace por dentro
en el
yo me confieso al pie de ese atril vacío,
donde el dolor se viste
con su traje de polvo en sotana.
Todo se vuelve más hondo cuando no estás, más lento;
como si el tiempo fuera un río que se detiene a mirarme.
Te busco en la lluvia que ahora besa mis ventanas,
en ese aroma a madera húmeda que deja tu ausencia;
mientras tú te pierdes allá, donde el cielo es un puerto lejano.
Me pusiste en los hombros
un peso de siglos que no son míos, sino de la tierra.
En ese silencio de las naves que regresan sin nadie,
pero yo sigo de pie con su palabra
enamorado su luz unica
que se olvidó de guiarnos en la oscuridad.