Has roto mi corazón en fragmentos tan pequeños,
afilados como cristales que al romperse se vuelven claros.
Tan trasparente que aun me veo reflejada en ellos y lo absurdo es… ¿cómo decir que lo rompiste,
cuando nunca te tuve,
cuando nunca dejaste que fuera tuyo?
Siempre fue prestado,
algo a ciegas,
algo que sentí yo…
porque tú insistías
en que todo era mi mente jugando en contra.
Y ahora ya ni sé
qué fue real.
Nunca fuiste tibio…
solo no me querías lo suficiente.
Y aun así,
cada vez que se está recuperando,
te veo
y late nuevamente por ti,
recupera vida por ti.
¿Tan irónico es?
Me quitas
y me devuelves la vida
con solo una palabra…
y sé
que volvería a ti.
La puerta sigue abierta.
Siempre lo ha estado.
Pero hay algo que pesa más:
ninguno de los dos
ha sido realmente capaz de cruzarla.
Y me pregunto…
si seré lo suficientemente valiente
para cerrarla por completo,
o si serás tú
quien, por fin,
nos haga el favor a los dos.
Porque al final,
esto siempre fue eso:
algo sin estabilidad