He aprendido a ponerle definición a la nostalgia
que siento en mi día a día:
es la suave tristeza de la felicidad,
pero que al final siempre será eso
Una felicidad disfrazada.
Me considero buena para decir adiós,
pero contigo nunca pude;
no quería hacerlo.
Gracias por hacerme el favor,
nunca iba a irme por voluntad.
Ya no evito mi nostalgia;
ahora la miro a los ojos y le doy mi más linda sonrisa.
Mi duelo terminó el día que dejé de esperar que me buscaras;
ahí la vida me mostró la respuesta a mis plegarias:
dejar ir es dejar llegar.
Aquí es donde te conviertes en mí para siempre,
ya que no fuiste mío, pero al menos permanecerás en mis escritos.