Mirar esas fotos viejas me estruja el alma,
es ver cómo la primavera se marchó silenciosa.
Los hijos volaron buscando su propio destino,
dejando un vacío y la vejez como única sombra.
Aun así, en medio de esta nostalgia me aferro a lo vivido,
porque los recuerdos son el mayor tesoro,
son ese refugio humilde y cálido que nos protege
del tiempo que inexorablemente pasa sin tregua.
Yo no apagaré mi antorcha,
pues mi vida no es solo añoranzas, es trinchera.
Y si exigir justicia me vuelve un objetivo de la tiranía, que así sea.
No haré de la dignidad una reminiscencia, sino mi presente.