Me sentía olvidado y muerto,
salí en busca de aquel albor
que se viste de blanco cendal,
con aves que trinan al viento
dó el hombre nace sin nombre.
Allí, dó habita el frío Bóreas
y buscan refugio los valientes,
moran gigantes de madera
custodiando la sublime senda
que hizo temblar a mil donceles.
Es allí que me llenaré de gozo
y contemplaré la hermosa vida,
para gritar: ¡soy libre del zurriago!
Dó soltaré mi propio nombre
y seré olvidado como una zarza.