Quien llega a sí mismo
a través del pensamiento
y la emoción,
del dolor asumido
y la aceptación,
de la alegría, el placer
y el gozo,
de la luz y la sombra,
de la firmeza
y la entrega,
y también del silencio
que escucha,
no solo se transforma:
como serpiente
muda la piel
al compás del cambio,
y como mariposa
vuelve a alzarse,
una y otra vez.