Tus ojos, profundos
bordados de un mar rojo.
Me desafían,
irónicos me señalan.
El dolor reflejado me invita a correr.
Presiento
huir es mi mejor ventaja.
Trato de escapar,
pero tu sollozo me atrapa.
Siento la amargura subir,
llenar mi boca de bilis
y mi pecho de culpa.
Temo enfrentarte
puesto que sé la verdad.
Temo aceptar que te herí.
Aceptar que no te amé,
no lo suficiente.