Una habitación blanca,
encerrada en un cuadrado de mármol.
No hay nada aquí
que me deje salir.
Estoy atada de pies a cabeza,
mientras un desconocido me mira de reojo.
Lo escucho hablar de mí,
anotando cosas en un papel.
La verdad… no tengo idea.
Lleva una bata blanca,
y en su bolsillo, medicamentos.
Me obliga a tomarlos cada día,
y si me niego,
me clava una inyección.
Prefiero mil veces saber qué pasa.
Murmura que tuve un ataque,
que tuvieron que intervenir
antes de tiempo.
Necesito entender.
Solo siento hambre, sed…
y un vacío que no se llena.
Ni la comida alcanza.
A veces me agota,
siento tanta presión.
Necesito descansar.
Creo que cerraré los ojos…
otra vez.